TRABAJO SOCIAL PENITENCIARIO: REALIDAD PROFESIONAL APASIONANTE Y COMPLEJA.

En la publicación de la semana pasada abría un capítulo de reflexiones personales sobre algunos de los aspectos que encierra el ejercicio profesional del trabajador social penitenciario desde el prisma de los más de 8 años acumulados ejerciendo como tal.
Dicha actividad laboral comparte con la del trabajador social general trabajar con colectivos sociales desfavorecidos.
El matiz que marca la labor profesional del trabajador social penitenciario es trabajar con quienes se encuentran en esa privación de libertad que caracteriza al recluso y que también afecta a la familia y personas allegadas a este.
Esta labor profesional, caracterizada por implicarse en los aspectos socio-familiares de los programas individuales de tratamiento y en su evaluación posterior, tiene como meta ineludible la reinserción de los reclusos.
Es especialmente llamativo como afecta esa privación de libertad de los reclusos en los familiares de éstos; algo visible en los frecuentes contactos telefónicos o personales que el trabajador social penitenciario mantiene con ellos en forma de consultas o de entrevistas concertadas mediante cita previa. En este sentido no podemos olvidar que, en la prisión, el punto de contacto profesional que tienen los familiares o personas allegadas al recluso es el trabajador social al cual pueden acceder por las dos vías señaladas anteriormente.
Como trabajadores sociales penitenciarios debemos saber atender a ese familiar o allegado, muy angustiado por lo general, con especial empatía, humanidad y cercanía. Sin dejar de lado nuestro cometido profesional con todo lo que ello implica, debemos entender la especial tensión que en esas personas genera el hecho de que alguien muy cercano a él se encuentre en prisión. Eso sí...siempre sin dejar de poner en su sitio nuestra vertiente profesional y teniendo en cuenta que hay tantos tipos de familiares como de reclusos y que cada uno de ellos encierra un matiz que lo diferencia de los restantes.
El trabajador social penitenciario debe procurar manejar lo mejor posible la urgencia que pueda conllevar su actividad laboral, como ya se dijo en la anterior publicación, y también con el hecho de una realidad profesional muy latente como es la derivada de trabajar con una gran cantidad de reclusos a la vez( atención de las peticiones que éstos realizan, estudio de los asuntos a tratar en las Juntas de Tratamiento que afectan a dichos internos tales como estudios de revisiones de grado o de permisos de salida entre otros, por ejemplo).
No es nada fácil trabajar en prisiones como trabajador social penitenciario pero sí es enriquecedor tanto como persona como profesional en el sentido de poder contribuir con nuestro granito de arena a la reinserción social de esos reclusos a los que atendemos en el desempeño de nuestro ejercicio profesional y a concienciarnos del sufrimiento que va aparejado a las circunstancias vitales de quienes se encuentran en prisión.
Espero y deseo que os hayáis hecho una mínima idea de estas reflexiones personales acerca del trabajo social penitenciario; seguiremos abordando otras cuestiones de esta actividad laboral en siguientes publicaciones.

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