REFLEXIONES PERSONALES DE UN TRABAJADOR SOCIAL PENITENCIARIO.
En este blog hemos tratado un montón de cuestiones relacionadas con el día a día laboral del trabajador social penitenciario: su relación profesional con el Juez de Vigilancia Penitenciaria, su trabajo con diferentes colectivos sociales aparte de los reclusos( drogodependientes, personas sin hogar, familias, jóvenes), competencias profesionales, entre otras muchas.
Esta semana podría ahondar en algunos de esos temas o añadir algunos nuevos pero he pensado que sería ilustrativo compartir las sensaciones, las vivencias que he experimentado a lo largo de más de ocho años de ejercicio profesional como trabajador social penitenciario.
Cuando tuve la enorme suerte de empezar dicha actividad laboral no tenía idea de su sustancia, de su esencia,...no sabía que funciones, que competencias podría desarrollar un trabajador social en un contexto como el de la prisión del que no conocía nada.
En pocas semanas tenía que empaparme de esa realidad del trabajo social penitenciario para ser lo más eficiente posible a la hora de ejercer como tal.
Cuando empecé en dicha labor profesional no podría imaginar lo que me iba a impactar la atención que casi diariamente proporcionaba a los reclusos. Todos sabemos que el trabajador social trabaja con colectivos que se encuentran en situación de especial dificultad como los que he citado anteriormente pero el mundo de las prisiones me ha marcado mucho en ese sentido.
A lo largo de mis más de 8 años como trabajador social penitenciario cada día he experimentado la sensación de agradecimiento por tener en mi vida tantas y tantas cosas que, por ejemplo, me han ayudado a no encontrarme en situaciones a las que se encuentran los reclusos de una prisión.
Nadie se puede imaginar las dificultades, ese camino de espinas que han llevado a esas personas a pasar años de su vida en la cárcel; son muchos reclusos los que he atendido a lo largo de todo ese tiempo y todos diferentes como sus experiencias personales o sus antecedentes.
Muchas circunstancias existen detrás de esos internos que han promovido que pasen muchos de sus días entre rejas; por mucha empatía que podamos sentir hacia ellos es tan complicado reflexionar acerca de todo aquello que ha imposibilitado y que no hace posible que miles de personas en España se vean privadas de libertad sin que, lo dicho hasta aquí, sirva ni mucho menos como mínima justificación para disculpar los delitos que hayan cometido.
Se me quedan en el tintero muchas reflexiones que compartir con los lectores de este blog y, de las cuales os haré partícipe la próxima semana con la intención de que os resulten interesantes.
Esta semana podría ahondar en algunos de esos temas o añadir algunos nuevos pero he pensado que sería ilustrativo compartir las sensaciones, las vivencias que he experimentado a lo largo de más de ocho años de ejercicio profesional como trabajador social penitenciario.
Cuando tuve la enorme suerte de empezar dicha actividad laboral no tenía idea de su sustancia, de su esencia,...no sabía que funciones, que competencias podría desarrollar un trabajador social en un contexto como el de la prisión del que no conocía nada.
En pocas semanas tenía que empaparme de esa realidad del trabajo social penitenciario para ser lo más eficiente posible a la hora de ejercer como tal.
Cuando empecé en dicha labor profesional no podría imaginar lo que me iba a impactar la atención que casi diariamente proporcionaba a los reclusos. Todos sabemos que el trabajador social trabaja con colectivos que se encuentran en situación de especial dificultad como los que he citado anteriormente pero el mundo de las prisiones me ha marcado mucho en ese sentido.
A lo largo de mis más de 8 años como trabajador social penitenciario cada día he experimentado la sensación de agradecimiento por tener en mi vida tantas y tantas cosas que, por ejemplo, me han ayudado a no encontrarme en situaciones a las que se encuentran los reclusos de una prisión.
Nadie se puede imaginar las dificultades, ese camino de espinas que han llevado a esas personas a pasar años de su vida en la cárcel; son muchos reclusos los que he atendido a lo largo de todo ese tiempo y todos diferentes como sus experiencias personales o sus antecedentes.
Muchas circunstancias existen detrás de esos internos que han promovido que pasen muchos de sus días entre rejas; por mucha empatía que podamos sentir hacia ellos es tan complicado reflexionar acerca de todo aquello que ha imposibilitado y que no hace posible que miles de personas en España se vean privadas de libertad sin que, lo dicho hasta aquí, sirva ni mucho menos como mínima justificación para disculpar los delitos que hayan cometido.
Se me quedan en el tintero muchas reflexiones que compartir con los lectores de este blog y, de las cuales os haré partícipe la próxima semana con la intención de que os resulten interesantes.

Bien compañero, con este blog nos estas ayudando a conocer más la labor de este colectivo
ResponderEliminarMuchas gracias compañera. Esa es mi idea; difundir esta realidad profesional.
ResponderEliminarImpactante y genuino hablar desde tu experiencia y observación. Gracias por compartirlo Javi. Me ha causado emoción leérlo.
ResponderEliminarMuchas gracias Margarita. Me alegra que te haya gustado tanto, de vez en cuando publicaré algo sobre ello.
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