EL TRABAJADOR SOCIAL EN LAS UNIDADES DE MADRES

Frecuentemente relacionamos la labor del trabajador social penitenciario con las competencias que este lleva a cabo única y exclusivamente en una prisión como tal sin considerar que el mismo también puede ser desarrollado en otros contextos laborales como las Unidades de Madre.
Éstas vienen a definirse como módulos concretos ubicados en el interior de los Centros Penitenciarios aunque separados arquitectónicamente del resto.
La intención de la existencia de las Unidades de Madre es fomentar un ambiente óptimo para que los niños puedan desarrollarse emocional y educativamente mientras que tengan que permanecer en el Centro, al mismo tiempo que se promueve la reinserción social de sus madres.
Con la puesta en marcha de estas estructuras se quiere segregar de una vez por todas las unidades de madre que están dentro de las prisiones y proporcionarles una completa autonomía penitenciaria para fijar un régimen de convivencia determinado posibilitando un desarrollo armonioso de los menores y una óptima relación materno filial.
Partiendo de la base de que la cárcel no es el medio más ideal para la educación y la formación del menor, la mayor parte de las legislaciones penitenciarias del área occidental tienden a proteger cada vez más al menor, en el sentido de evitar la convivencia con su madre encarcelada.
Dentro de este ámbito penitenciario, el trabajador social lleva a cabo su labor en una doble vertiente: a) Atención en guarderías de la ciudad a los menores hijos de presas, para evitar que crezcan en el entorno penitenciario.
b) Nuevo sistema de cumplimiento de penas, siempre que resulte posible, para mujeres con hijos en casas normales de cualquier barrio de la ciudad.
Asimismo el trabajador social penitenciario asume una labor profesional sustancial en la atención de niños con madres.
En relación a ello, merece especial referencia la atención de los niños entre 0 y 3 años de edad que pueden convivir con sus madres en los locales habilitados al efecto en los Centros Penitenciarios. En este caso, la atención se plasma:
1) En las escuelas infantiles de la red pública, en el caso de los niños de más edad, a los que sean transportados diariamente.
2) Propiciando la integración social de todos ellos, ya sea propiciando la intervención de ONGs especializadas en el Centro Penitenciario o promoviendo la salida al exterior.
Estas Unidades han ido abundando en la mayoría de las ciudades españolas a raíz de los buenos resultados de una primera iniciativa basada en una experiencia por la que 8 madres fueron alojadas con 9 hijos menores en pisos dispuestos por el propio Centro Penitenciario de Valencia.


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