LA REALIDAD DEL RÉGIMEN CERRADO
Tras hacer una introducción, en la anterior publicación, sobre las competencias del trabajador social en el medio penitenciario vamos a profundizar en esta cuestión.
Hay que hacer énfasis en que, tal como se ha señalado en anteriores entradas, que nuestra labor como trabajadores sociales penitenciarios varía sustancialmente según el régimen en el cual se centre su intervención.
Las áreas de intervención que incluyen, organizadamente, las distintas actividades que pueden llevarse a cabo son: educativa, higiénico-sanitaria, sociofamiliar, terapéutica, laboral, deportiva, recreativa, cultural y ocupacional.
El equipo técnico multidisciplinar que trabaja en este régimen está formado por psicólogos, juristas, educadores, trabajadores sociales, médicos, técnicos deportivos y ocupacionales y funcionarios de vigilancia. El papel de éstos últimos adquiere una gran relevancia dado el programa que se desarrollará en módulos de este régimen en los que existen especiales medidas de seguridad.
Es importante el papel que va a desarrollar el trabajador social en los mismos, sobre todo en las actividades individuales orientadas al análisis, diagnóstico y tratamiento de los reclusos a través de las técnicas que se estimen más oportunas en función a los rasgos de personalidad de estos o en las grupales en las que el análisis individual de cada uno será útil para fijar la constitución de grupos terapéuticos con los que se podrá trabajar en habilidades sociales o solución de problemas, por ejemplo( actividades individuales y grupales dentro de las terapéuticas).
Todos los miembros del Equipo Técnico que trabajan en un régimen cerrado debe cubrir las actividades fundamentales del programa, siendo básica la presencia diaria en el módulo de, al menos, un integrante de aquel.
El trabajador social asume un rol participativo en las reuniones previas que el Equipo Técnico debe mantener con los funcionarios de vigilancia para plantearles la necesidad del programa aludido, sus metas y sus ejes básicos. El final de este encuentro tendrá lugar con el nombramiento de aquellos funcionarios que pasarán a integrar el Equipo Técnico como un miembro más.
Una vez compuesto este, llega el momento de diseñar el proceso de intervención y determinar las funciones de cada uno de sus integrantes en el mismo.
En cuánto al Programa Individualizado de Tratamiento o PIT, el trabajador social debe considerar las variables que han conducido al interno a la inadaptación penitenciaria. Éstas serán percibidas como demandas y por objeto principal de intervención a través de las actividades prioritarias y complementarias.
A través de la siguiente publicación, realizaremos una explicación práctica del día a día laboral de un trabajador social penitenciario en el régimen cerrado.
Hay que hacer énfasis en que, tal como se ha señalado en anteriores entradas, que nuestra labor como trabajadores sociales penitenciarios varía sustancialmente según el régimen en el cual se centre su intervención.
Las áreas de intervención que incluyen, organizadamente, las distintas actividades que pueden llevarse a cabo son: educativa, higiénico-sanitaria, sociofamiliar, terapéutica, laboral, deportiva, recreativa, cultural y ocupacional.
El equipo técnico multidisciplinar que trabaja en este régimen está formado por psicólogos, juristas, educadores, trabajadores sociales, médicos, técnicos deportivos y ocupacionales y funcionarios de vigilancia. El papel de éstos últimos adquiere una gran relevancia dado el programa que se desarrollará en módulos de este régimen en los que existen especiales medidas de seguridad.
Es importante el papel que va a desarrollar el trabajador social en los mismos, sobre todo en las actividades individuales orientadas al análisis, diagnóstico y tratamiento de los reclusos a través de las técnicas que se estimen más oportunas en función a los rasgos de personalidad de estos o en las grupales en las que el análisis individual de cada uno será útil para fijar la constitución de grupos terapéuticos con los que se podrá trabajar en habilidades sociales o solución de problemas, por ejemplo( actividades individuales y grupales dentro de las terapéuticas).
Todos los miembros del Equipo Técnico que trabajan en un régimen cerrado debe cubrir las actividades fundamentales del programa, siendo básica la presencia diaria en el módulo de, al menos, un integrante de aquel.
El trabajador social asume un rol participativo en las reuniones previas que el Equipo Técnico debe mantener con los funcionarios de vigilancia para plantearles la necesidad del programa aludido, sus metas y sus ejes básicos. El final de este encuentro tendrá lugar con el nombramiento de aquellos funcionarios que pasarán a integrar el Equipo Técnico como un miembro más.
Una vez compuesto este, llega el momento de diseñar el proceso de intervención y determinar las funciones de cada uno de sus integrantes en el mismo.
En cuánto al Programa Individualizado de Tratamiento o PIT, el trabajador social debe considerar las variables que han conducido al interno a la inadaptación penitenciaria. Éstas serán percibidas como demandas y por objeto principal de intervención a través de las actividades prioritarias y complementarias.
A través de la siguiente publicación, realizaremos una explicación práctica del día a día laboral de un trabajador social penitenciario en el régimen cerrado.

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